martes 30 de junio de 2009

En una tarde pintada de azul...

Hay algunos días, sobre todo por las tardes de los veranos lluviosos, en que me pongo cabisbaja. Cuando eso sucede recurro a algunos trucos para hacerme sonreír: como chocolates y cocacola, churritos con limón y salsa, hago ejercicio, veo pelis bobas que me hagan carcajear, me pongo a leer y ya si de plano nada funciona me duermo hasta el sol del siguiente día. Usualmente permanezco solitaria en estas ocasiones porque con la tristeza también se me pone de perros el humor y más vale no mostrar al mundo mi peor faceta.

Hoy aprovechando mi conexión remota he solicitado una porra virtual a alguien que me conoce de hace tiempo, creo que es buena estrategia a sumar a las anteriormente mencionadas...la cosa sucedió como sigue:

Yo: oyes traigo esta tarde una crisis de autoestima...será que puedas recordame una cualidad que te agrade de mí ¿?

Mi cuate:me gusta que te gusta la poesía y cuando lees un libro y encontrás una palabra que no conocés la subrayas, me gusta que haces unas fotos bellísimas, que eres una emancipada, que recuerdas que tus padres te enseñaron que nadie tiene el derecho a ponerte la mano encima.
Me gusta que te gusta Cerati y que un día me hiciste un cassettsito [yes! i am from the past] con tus favoritas y que eres de una sola pieza.

Yo: :D

mi cuate: ayudó?

Yo: yes!!! GRACIAS,me has hecho sonreír

Hay días que muchas personas parecen no tolerarme, sobre todo en el trabajo. Soy perfeccionista, mandona y además chingaquedito. Aún así considero tener muy buen corazón, no le tiro mala onda a nadie... al menos nunca nunca a sus espaldas... Es sólo que me tomo demasiado en serio mis responsabilidades y las ajenas también, además de que no cualquiera agarra la onda cuando se me activa el gen del humor negro. Cuando veo que mis amigos me recuerdan que tengo mucho más que esa bola de defectos me alegra...uno puede cambiar muchas cosas...pero quitarse el caracter y la piel es imposible sin pasar antes por la inexistencia. Así que me quedo como soy y por esta tarde sonreiré hasta que se me aprezcan las estrellas.

lunes 25 de mayo de 2009

Passer Domesticus Hembra - Una gorrioncita

Posted by Picasa

domingo 22 de marzo de 2009

Cómo aprender biología sin morir en el intento…

Cuando estaba en la prepa llevé una materia que se llamaba “Métodos experimentales de química, física y biología”…ufff, como disfruté el curso, el cual estuvo precedido por las materias de química, biología y procedido por física. Tanto la de Método, como la de Biología me las dio un profe apodado “el biólogo”, que tenía unos ojotes verdes de sueño, la voz profundísima y aunque parecía anoréxico de flaco, a mí me parecía en extremo atractivo. Puras MB (=10) me sacaba con él, nadamás por el puro gusto de no parar de escucharlo y mirarlo ponía muchísima atención a su clase…recuerdo clarito que cuando explicó el tema unas células las apodó células punk y que nos llevó a Valsequillo a analizar un ecosistema. También que entrenamos a un ratón en su clase y que un día que troné mate me consoló con un masajito en el cuello que a mí me pareció una auténtica declaración de amor.

De las clases de química ni me acuerdo y en física siempre tuve profes nefastos, pero me divertía de lo lindo en los laboratorios, en los que realmente me concentraba sin la distracción de un profe que me gustara. Total que al elegir qué estudiar ningún tipo de ciencia natural pasó por mi mente como una opción, fuera del maestro wapo, como campo de trabajo, no me llamaban la atención. Mi mejor amiga de ese entonces se fue a estudiar a la UNAM biología, algunas veces la visitaba y salíamos con sus compañeros, me daba mucha risa la manera en que interpretaban cualquier elemento del paisaje, de a tiro como científicos locos de caricatura…era interesante y gracioso.

Ahora me parece extraño que nunca hubiera considerado alguna carrera relacionada con el estudio de la vida, pues en realidad siempre me ha atraído mucho aprender sobre animales, plantas y entes más pequeñitos, como insectos y otros bichos. Si pasa una revista o libro del tema por mis manos, me entretiene y me gusta entender de asuntos de ese lado de la ciencia; la literatura infantil nunca me atrajo, pero de niña devoraba las enciclopedias del reino animal con singular alegría. Además pasar el tiempo al aire libre es de las cosas que más disfruto, supongo que nunca me pasó por la mente que a alguien le pudieran pagar por dedicarse a eso. Soy una persona pragmática en exceso y a las ciencias básicas nunca les he encontrado más sentido que el entretenimiento…eso sin mencionar que con tanta abstracción y jerga exótica son sumamente difíciles de estudiar en forma.

La cosa es que desde que trabajo en el Jardín Etnonbotánico (hace siete meses ya), ni tiempo me doy de pensar demasiado en otra cosa que no sea aprenderme plantas y estudiar para dar talleres relacionados con cuanta madre relativa esta ciencia del demonio llamada biología que tiene que ver con toda cosa verde, bonita y viva que nos rodee… otra vez convivo con biólogos y me siguen dando mucha risa, aunque también los respeto mucho porque son muy generosos con sus conocimientos, entusiastas y divertidos. Además aunque lo nieguen son educadores natos y por lo tanto colegas.

También he estado aprendiendo a observar aves, cosa que me ha parecido de las actividades más relajantes y meditativas que he realizado, equiparable en mis preferencias solamente a la fotografía. A veces me castra espantosamente el exceso de sol que tanta chamba al exterior impone, pero tolero los escupitajos de este astrote celeste nada más por el entusiasmo de acercarme a entender los hábitos de los animales o las propiedades de ciertas hierbas.

Es por toda esta cosa de andar aprendiendo cosas nuevas que ya no me doy mucho tiempo de hacer vida virtual…en fin, supongo que también esta etapa me dará más temas de los cuales escribir en un futuro…así que semilla sigue en el jardín… y en lo que encuentra un lugar dónde comenzar a cultivarse, allí seguirá.


martes 21 de octubre de 2008

Invitación: Ofrenda en Movimiento, Día de Muertos para Celebrar la vida

Creo que conservar nuestras tradiciones es muy importante, nuestra cultura es muy rica y estoy convencida que en días de muertos es mucho más congruente celebrar con una de nuestras mexicanas ofrendas que con disfraces de Halloween, los cuales son divertidos pero no son tan de nosotros no creen.

Si comparten mi opinión los invito a una fiesta, la estamos organizando en el Jardín Etnobotáni en el que trabajo. es este viernes 24 o sábado 25 de octubre a las 19:00 hrs. en la que se construirá una ofrenda colectiva que hemos bautizado
OFRENDA EN MOVIMIENTO: DÍA DE MUERTOS PARA CELEBRAR LA VIDA

Con un programa que incluirá: danza contemporánea, música en vivo, ballet folklórico Zentzontle, orquesta Symphonia, así como un recorrido sensorial por el jardín y la ofrenda colectiva.

La cuota de recuperación es de $50.00 e incluye un jarrito de Tlaxque)

No olvides traer velas, flores, dulces, calaveritas o cualquier otra cosa que desees aportar para la ofrenda colectiva

jueves 2 de octubre de 2008

40 años: 2 de octubre de 1968 no se olvida

No tengo palabras para expresar mi indignación ante el abuso del poder y la falta de respeto a los derechos humanos más elementales que en nombre de ese poder se ejercen. Dejo las palabras de Fernando delgadillo, con algunas fotos y el link al suplemento de La Jornada, que en conmemoración de este vergonzoso genocidio, se publicó hoy. No olvidemos...

El Suplemento de la Jornada:

Portada del Supemento: 2007, fotomosaico de Omar Guzmán, realizado para el Memorial del 68 organizado por la UNAM

jueves 25 de septiembre de 2008

Educando a mi perro

El Santos es un perro mestizo que hace 3 años adopté, nació en la puerta de una casa en San Andrés Cholula y tres semanas después de haber nacido lo traje a mi hogar para cuidarlo y alimentarlo. Dado que la cuadra en la que nació vivía mi hermana, conocí a la madre del cachorro y al padre también, ambos eran de tamaño superior al promedio, por lo que era seguro que el recién adoptado perrito alcanzaría una talla muy alta, así fue: mi perro es enorme.

Estuve conciente en un inicio de que tomar la decisión de tener un perro grande en una casa pequeña es una gran responsabilidad, por lo que tuve que visualizar el tipo de compromisos a los que tendría que adaptarme durante el tiempo de vida del perro. Nunca he sido partidaria de la alternativa de regalar a una mascota por que ya no se acomoda a tu estilo de vida, mi filosofía responde a la convicción de que contar con un compañero canino es en sí mismo un estilo de vida que se adopta junto con el animalito.

Así que desde pequeño definí los límites que le pondría a él y a mí misma, tomando en cuenta sus futuras dimensiones y mi umbral de tolerancia. Por ejemplo, no soporto que un perro grande busque a toda costa recibir cariño como si fuera del tamaño de un french-poodle levantándose en dos patas para darte un “abrazo” y un baboso lengüetazo, como los que Dino el perro de los Picapiedra propinaba al malhumorado Pedro. Mientras era pequeño hubiera podido aguantarlo y hasta ternurita me hubiera dado, pero no hubiera sido justo permitírselo 6 meses y al séptimo pegarle de gritos y garrotazos, por que su tamaño de pronto lo volviera molesto. Así que nunca nunca, ni cuando medía menos de veinte centímetros le permití brincar y poner su patotas sobre mi.

Tampoco le permití jalarme con la cadena en los paseos, subir a mi cama, emitir gruñidos, brindar mordiscos o acercarse intempestivamente a otras personas o perros. Por otra parte lo que si le permití es socializar con quien aceptase su amistad, así que los vecinos animaleros, los niños y otros perros con dueños amigables conocen al Santos, le tienen confianza y permiten que juegue con ellos, bajo mi estricta vigilancia y nunca por su cuenta. Él es un perro sociable y simpático, pero también muy grande y amenazador.

Todos los días lo saco a correr, al menos dos veces al día, lo que me implica muchas veces posponer algunos compromisos para cumplir con este deber. Si su paseo falta, estoy conciente de que muy probablemente el perro ladrará toda la noche o destrozará el bote de basura, al parecer el chico tiene un poco de nociones de justicia y no tolera ser tratado como perro abandonado por una madre irresponsable.

A cambio de paseos y apapachos, el Santos me da una incondicional compañía, sabe andar en coche, caminar despacio con cadena y sin ella, obedece siempre a mi llamado y se mantiene echado o sentado sin protestar por algunas horas cuando me acompaña a resolver pendientes por las calles. También me protege, vivo sola y me da mucha seguridad saber que él siempre estará alerta si algún extraño se acerca. Me hace reír con sus gracias y me despierta temprano todas las mañanas (con el sonido del movimiento de su colita golpeando la puerta), por las tardes y en momentos de estrés me comparte endorfinas y con él siento que los peores días valen la pena, así como lo valen los gastos que su bienestar me generan, aunque algunas veces tenga que sacrificar algunos gustos por ponerle una vacuna, curarle una enfermedad y comprarle el mejor alimento.

Lo que acabo de describir es una pequeña síntesis de lo que implica tener una mascota, ellos no son juguetes, son seres vivos que requieren cuidados y educación para que nos puedan brindar la buena compañía y seguridad que esperamos de ellos. La consistencia, paciencia, tolerancia y visión de futuro, son esenciales, como lo son en cualquier proceso educativo o vínculo perdurable sano. También hace falta mucha información y estudio antes de decidir establecer el compromiso de adoptar cualquier mascota. Creo que, como en todo, la ignorancia y falta de conciencia, pueden hacernos pasar muy malos ratos y, aunque sea sin mala intención, también provocar el sufrimiento de un ser inocente, gracioso, tierno y medio borrachín como el siguiente:

santosindio

martes 16 de septiembre de 2008

¿Cómo te organizas?

Tiendo a ser bastante ordenada con mis cosas, clasifico mis libros por tema y autor, mi ropa por tipo y color, mis cosméticos por su orden en uso al arreglarme. Todo todo tiene un lugar específico en mi casa y es extraño que no devuelva algún objeto al espacio que le corresponde inmediatamente después de terminar de utilizarlo.

Cuando algo queda fuera de su lugar, por descuido mío o de alguien más, puedo tardar horas en encontrarlo y además me obsesionaré tanto con hacerlo, que puedo llegar tarde al compromiso más importante por empecinarme en la búsqueda. Doblo y ordeno hasta la ropa sucia y aunque la pulcritud en mi casa es imposible por tener tanto perro (3), también trato de mantenerlo todo sacudido y reluciente.

No creo que mi actitud sea compulsiva, ni patológica...simplemente es un recurso que me da paz y me ahorra bastante tiempo. También es un efecto compensatorio de mi alto nivel de dispersión y despiste, provocado por mi afán meditabundo y mi manía por pensarme demasiado la vida. Tener cada cosa en su lugar, hace que ciertas tareas mundanas y repetitivas puedan automatizarse para no invertir valiosas sinapsis en resolverlas.

Curiosamente a pesar de esto hay veces que en un par de horas, puedo convertir mi casa, sobre todo la segunda planta... en un auténtico muladar. Esto generalmente coincide con un estado anímico decaído y triste, que de manera usual llego a padecer cuando sucede algo en mi entorno que considero una total injusticia o cuando doy una metida de pata espectacular, de esas que suelen suceder por el simple hecho de existir viviendo.

La semana anterior me sucedió lo segundo, metí la pata con un grado de profundidad inconmensurable, para el viernes mi recámara era un desmadre, mi estudio zona de desastre, mi mochila un nido de ratas y mi aspecto, considero yo, bastante deplorable. Mi energía organizadora era nula, pero mi necesidad de que todo volviese pronto a su lugar, enorme. Así que, al tener un poco de dinero en la bolsa, le pedí a Juanita, una bella persona experta en labores domésticas, ordenara mi cuarto y estudio rigurosamente.

El domingo por la tarde volví a casa luego de haber cerrado el capítulo de una semana llena de atrevimientos. Llegué, encendí el calentador, me bañé...me sequé con toallas limpias, estiré mi mano y allí estaba la crema, un poco más a la izquierda el desodorante, ropa interior limpia en el cajón correspondiente, mi piyama bajo la almohada. Ya bañada, empiyamada y perfumada, me cubrí con la cobija de los pies de la cama, encendí la lámpara y, con solo estirar la mano, al lado de mi colchón encontré el libro que estoy leyendo.

Si Juanita no hubiera hecho estas maravillas, lo más probable es que yo pasara al menos otro par de semanas con todo desordenado, no sólo en casa, sino en mi cerebro. Hoy, hasta tuve energías para ordenar mi mochila y para ponerme wapa. He escrito dos posts, sacado mil pendientes y no me estresa haberla regado tan gacho durante la semana anterior, tengo el sentimiento de que todo volverá a su estante mental, mientras mantenga el orden en mi casa.

Ufff, si hubiera descubierto este remedio antes, cuantos dolores de cabeza me hubiera ahorrado. De aquí en adelante, como parte de cualquier proceso de recuperación emocional, echaré por delante solicitar los servicios domésticos de una experta en orden y limpieza. Seguramente me será más sencillo conservar la paz interior, si un agente externo se responsabiliza por la exterior. Tal vez podría funcionar a la inversa...quien sabe.